miércoles, 14 de diciembre de 2011

La pregunta por el sentido de la vida (II)

La pérdida del sentido de la vida
Tener objetivos claros es el primer requisito para trazarse proyectos de vida que consistan en alcanzar los fines, valores e ideales que queremos hacer nuestros. Quien carece de fines para la propia vida carece también de proyectos para llegar hasta ellos. En consecuencia no tiene ninguna tarea que llevar a cabo. La ausencia de proyectos vitales origina desocupación, falta de tareas sentidas como propias. A lo sumo, el trabajo entonces es una especie de obligación forzada, que uno se ve obligado a realizar sin ganas, e incluso contra su voluntad. Además, la ausencia de proyectos y tareas vividas como propias genera algo que es el terreno donde acontece la pérdida del sentido de la vida: la falta de ilusión.

Quien no sueña, no desea, no anhela realizar sus pretensiones, quien no sabe lo que es vivir ilusionadamente, ése fácilmente se encontrará, al despertarse por la mañana, con un panorama gris, mortecino, que fácilmente induce al hastió, al asco y al deseo de huir hacia un mundo donde se den esas ilusiones que ahora faltan y que son el verdadero motor de las tareas y las vidas humanas. Sentir al levantarse que lo que nos espera es la infelicidad, estar a disgusto, enfrentarnos a tareas que nos resultan odiosas: esa es la situación desde la cual no se encuentra que sentido tiene vivir una vida así. Lo cotidiano resulta entonces feo, sucio, sin atractivo, y uno le vuelve la espalda: no querría siquiera salir de la cama, no se ve que valga la pena.

En esa situación caben dos opciones. La primera es confirmarse en la idea de que, en efecto, una vida así no merece la pena ser vivida. La consecuencia inmediata es la caída en un estado de pesimismo que paraliza a la persona y la llena de amargura y disgusto interiores: es una especie de "quedarse en la cama". Si ese estado de ánimo se hace permanente, y la persona no encuentra la salida de él, puede sobrevenir una cierta desesperación ante la vida, e incluso el deseo de que ésta acabe cuanto antes, puesto que vivir así es bastante horrible.

La gama posible de las actitudes desesperadas, pesimistas y amargadas es muy grande y variada, y hay mucha gente que se encuentra sumida en ellas, sin saber como superarlas. El grado mas extremo es la pérdida del deseo de vivir, que puede llevar incluso al intento de anulación de la propia vida. Pero una actitud tan desesperada no es lo ordinario. Es más normal el convencimiento de que el fracaso es inevitable, o la idea de que nada vale la pena, de que todo esfuerzo es inútil ante un destino inexorable. Incluso cabe llegar a pensar que la vida es absurda, y que lo mejor es vivir como si creyéramos en algo para no tener que enfrentarnos con el vació de sentido que hay en el mundo.

Estas soluciones son las que responden negativamente a la pregunta por la existencia de la felicidad y del sentido de la vida: ni una cosa ni otra son posibles, ni tiene sentido buscarlas. El hombre, según ellos, solo puede ser feliz en la medida en que olvida este fondo oscuro y sombrío de la existencia. Se trata de una postura muy amarga, que convierte la tarea de vivir en una carga insoportable. Por eso poca gente acepta permanecer en esta actitud. Incluso a veces hacerlo tiene algo de patológico.

La segunda solución, aunque resulta ser más "casera" y realista, se parece un poco a la anterior, aunque no tiene la carga pesimista de aquella: consiste en poner entre paréntesis la vida cotidiana e inmediata y dedicarnos a olvidarla, a mirar hacia otro lado mientras la vivimos. Es la situación de las personas que en el fondo están descontentas consigo mismas y con lo que hacen: lo cotidiano les llena de malhumor. En tal situación la salida más evidente es huir de uno mismo y de la vida que se está viviendo. La manera mas fácil es buscarse mundos alternativos, o volcarse en la exterioridad, fragmentarse en mil pequeños momentos de diversión, de un "pasarlo bien" que es pura exterioridad, fuera de lo que uno verdaderamente es. Es la vida frívola, atomizada, dedicada a explotar la felicidad momentánea que dan los placeres de la vida, grandes y pequeños, legítimos e ilegítimos.

Sin embargo, esta solución deja en hueco el fondo de la vida, y no resuelve el problema de la propia identidad. El destino de tales personas parece cifrarse en olvidar quienes son en el fondo y de verdad. Esa es una pregunta que no interesa: no hay que buscar "interioridades", sino "exterioridades" que ayuden a tapar asuntos para los que no hay respuesta.

martes, 13 de diciembre de 2011

La pregunta por el sentido de la vida (I)

La pregunta por el sentido de la vida no suele plantearse mientras todo va bien, sino precisamente cuando se quiebra la ilusión de que, en efecto, todo va según nuestras previsiones, de que las cosas nos salen conforme a lo que queríamos. Y es que la realidad es tozuda y se empeña en quitarnos la razón y en darnos disgustos, problemas y dificultades que nos cansan, nos abaten e incluso nos quitan la ilusión de seguir luchando. En suma, la experiencia del fracaso, algo que no podemos evitar, es la que nos plantea la pregunta por el sentido de nuestros esfuerzos, de nuestros trabajos, y en definitiva de nuestra vida. Así es como ordinariamente surge la cuestión.

Vivir es una tarea esforzada. Esto no hay que verlo como una cosa rara, que no debería ser así. Es así, y que lo sea en cierto sentido es natural, puesto que se da siempre en todo ser vivo, y en todo hombre, una cierta "lucha por la vida". Vivir es ya un éxito continuo de la vida, frente a la amenaza de los peligros, las enfermedades, la falta de recursos y la muerte misma. El mismo fenómeno biológico de la vida es ya un esfuerzo continuamente coronado por el éxito. Por eso no debe extrañarnos que las cosas sean difíciles y cuesten trabajo.

Lo que el hombre necesita para encontrar sentido a su vida es tener una justificación para sus esfuerzos, es decir, disponer de un objetivo y un fin claros, a cuya consecución se dedica la tarea de vivir y de llenar un día y otro de trabajo. Cuando se tienen objetivos claros para la propia vida, los esfuerzos se ven como parte del camino que hay que recorrer para alcanzarlos, y por tanto luchar tiene entonces un sentido muy claro: llegar a donde queremos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Richard Marx - Right here waiting for you




Oceans apart
day after day
and i slowly grow insane
i hear your voice
on the line
but it doesnt stop the pain
If i see you next to never
well how can we stay forever
(chorus)
wherever you go whatever you do
i will be right here waiting for you
whatever it takes or how my heart breaks
i will be right here waiting for you
I took for granted all the times
that i thought would last somehow
i hear the laughter
i taste the tears
but i cant get near you now
Oh cant you see it baby
you got me going crazy
(chorus)
I wonder how we can survive
this romance
but in the end if im with you
i'll take the chance
Oh cant you see it baby
you got me going crazy
(chorus)
Waiting for you.

sábado, 12 de noviembre de 2011

UN SER MISTERIOSO Y ENIGMÁTICO: ¡EL GATO!


¿por qué un “minino” puede despertar tanta admiración o tanto odio-temor? Hay quien afirma que el gato es el ser más libre de la Tierra y el único al que no se puede domesticar, por mucho que ame a sus amigos (nunca dueños) de dos patas. A otros felinos, como un león o un tigre, un domador los logrará hacer pasar por el aro (en un circo), pero un gato sólo aceptará algo así a cambio de un regalo que le interese, jamás a golpe de látigo. ¿Es esa libertad encomiable la que hace que muchos lo rechacen por envidia? ¿Es su supuesta conexión con otras realidades la causa de que se le tema? El gato es animal diurno y nocturno, puede cambiar sus pupilas y adaptarlas como las fases de la Luna, llegando incluso a ponerlas verticales (se cree que cuando el felino las coloca así está mirando el astral).
 Muchos son los que atribuyen a ese mamífero elegante, libre, independiente y enigmático una capacidad especial para comunicarse con otras dimensiones. De hecho se han dado casos de gatos residentes en geriátricos que son capaces de detectar la próxima muerte de un paciente y se instalan en su habitación hasta el momento del óbito. En determinadas poblaciones rurales, cuando los velatorios se hacían en las propias viviendas, era clásico que el gato de la casa pasara muchas horas en la habitación en que había estado el difunto. Y los tibetanos creen que esos felinos acompañan a los muertos en su viaje al Más Allá; de hecho, eran animales que vivían en lamaserías y hasta actuaban como guardianes.
No se sabe muy bien si los egipcios fueron los primeros en adoptar al gato como mascota, pero sus referencias son de las primeras conocidas. Y no fue el hombre el que buscó al minino sino al revés. El gato vio que si se acercaba a los humanos tenía comida fácil y, a cambio, limpiaba las casas de roedores y otras alimañas menores, ”pan comido” para él porque es un cazador nato. En el antiguo Egipto, ese animal era sagrado, se le embalsamaba tras su muerte, como a los faraones, y matar a uno o hacerle daño estaba castigado con la pena capital.
La Inquisición (a la que nunca llamaré “Santa”) señaló al gato como animal diabólico. Muchas mujeres acabaron en la hoguera por el sólo hecho de poseer uno, ya que eso las marcaba como brujas. Ellas y sus mascotas murieron quemadas en plazas públicas ante el regocijo de gente insana, alentada entonces por la Iglesia que ostentaba un poder material y se erigió en “poder único y supremo” en lo inmaterial. A esos animales se les siguió quemando, torturando y matando hasta que casi se extinguieron en Europa. El resultado fue que proliferaron los roedores y con ellos múltiples plagas que ratas y ratones portaban, entre ellos la temible peste negra.
El gato, al fin, recuperó su puesto como protector del hogar y el encargado de mantener al margen las poblaciones de roedores, se le aceptó y se le quitó la etiqueta de “demoníaco”, pero… ¿Por qué a tanta gente no les gustan? ¿Tememos, quizá, lo que no conocemos? ¿Envidiamos, tal vez, su libertad? ¿Nos asusta que puedan estar en contacto con otras realidades y percibir astralmente algo que nuestros ojos no ven?
-Está demostrado científicamente que acariciar a un gato es relajante, y que es posible que una persona con hipertensión baje hasta 2,5 puntos su presión arterial si está en contacto con un gatito amistoso.
        
-Se asegura que el minino “absorbe” negatividad, tanto de las personas como del entorno.
        
-Su contacto ayuda a superar enfermedades, especialmente mentales.
        
 -Se les utiliza en geriátricos o prisiones por su capacidad para absorber malas vibraciones, transmitir relajación y estimular a personas enfermas o encerradas, porque el minino es capaz de vivir en un piso, puede pasar 20 horas durmiendo y no necesita salir a pasear. Es un ser independiente, va a su “bola” y no precisa relacionarse con otros congéneres excepto en épocas de celo.
-Se suele decir que los gatos son traidores… ¡No, los gatos son libres! Y si no les apetece que un ser conocido o desconocido de dos patas los cojan, no lo permitirán, aunque normalmente (eso depende de la evolución de cada individuo (como ocurre con las personas) antes moverán la cola o mostrarán signos de desagrado, que muchos humanos (los “grandes del planeta” obviamos en nuestra prepotencia). Hay que aceptar que a “él” no le apetece que lo soben en esos momentos, esa es la lectura. Y si no le apetece… ¿Por qué habría de consentirlo? ¡Viva la libertad!
-La psique del gato es muy diferente a la del perro . Pero si el último es sumiso y me acepta como “jefe”, en el cerebro de un minino no existe espacio para conceptos como sumisión, obediencia o propietario de… ¡Todo lo contrario! Él vive en Su casa y yo SOY DE SU PROPIEDAD: ¡Hay que joderse! Pero, en cambio, es capaz de amar y demostrar una ternura especial, exquisita, única… Puede lamer una herida, ronronear pegado a mi cara y hasta acariciarme con la palma de su mano, escondiendo las uñas y colocando su rostro junto al mío…
                               
-Muchos gatos, especialmente los más jóvenes, suelen jugar con seres imaginarios; saltan en el aire, fijan la vista en un punto en el que no hay “nada”… ¿Imaginación o visión astral?
                              
 -Siendo como es (según muchos entendidos) el animal más libre de la Tierra, el gato sabe “ganarse” su sitio. Para él su dueño no es el dueño sino un amigo, la casa en la que vive es “su casa” y jamás obedecerá por imposición. Eso sí: ama a sus compañeros de “dos patas”, puede ver en ellos un referente maternal, de hermano mayor o líder del barrio. Los quiere y los protege y ¡hasta los marca! He leído que cuando un minino cariñoso se refriega contra las piernas de su amigo humano no sólo le demuestra afecto sino que lo está marcando como ¡propiedad suya!
En los bigotes y las palmas delanteras de sus manos tienen mucha sensibilidad. Son capaces de segregar feromonas que utilizan para marcar el terreno. Esas feromonas poseen información importantísima para sus congéneres: Sexo, edad, si el que las ha dejado está en celo o no y hasta cuánto tiempo hace que han sido depositadas… ¡Todo un DNI! Esas feromonas las interpretan con la boca entreabierta, a medio camino entre oler o percibir por el sentido del gusto.
               
 -Se suele decir que los gatos son traidores… ¡No, los gatos son libres! Y si no les apetece que un ser conocido o desconocido de dos patas los cojan, no lo permitirán, aunque normalmente (eso depende de la evolución de cada individuo (como ocurre con las personas) antes moverán la cola o mostrarán signos de desagrado, que muchos humanos (los “grandes del planeta” obviamos en nuestra prepotencia). Hay que aceptar que a “él” no le apetece que lo soben en esos momentos, esa es la lectura. Y si no le apetece… ¿Por qué habría de consentirlo? ¡Viva la libertad!
                             
 -La psique del gato es muy diferente a la del perro (yo también tengo uno y lo quiero un montón). Pero si el último es sumiso y me acepta como “jefe”, en el cerebro de un minino no existe espacio para conceptos como sumisión, obediencia o propietario de… ¡Todo lo contrario! Él vive en Su casa y yo SOY DE SU PROPIEDAD: ¡Hay que joderse! Pero, en cambio, es capaz de amar y demostrar una ternura especial, exquisita, única… Puede lamer una herida, ronronear pegado a mi cara y hasta acariciarme con la palma de su mano, escondiendo las uñas y colocando su rostro junto al mío…
                               
-Muchos gatos, especialmente los más jóvenes, suelen jugar con seres imaginarios; saltan en el aire, fijan la vista en un punto en el que no hay “nada”… ¿Imaginación o visión astral?
                              
 -Siendo como es (según muchos entendidos) el animal más libre de la Tierra, el gato sabe “ganarse” su sitio. Para él su dueño no es el dueño sino un amigo, la casa en la que vive es “su casa” y jamás obedecerá por imposición. Eso sí: ama a sus compañeros de “dos patas”, puede ver en ellos un referente maternal, de hermano mayor o líder del barrio. Los quiere y los protege y ¡hasta los marca! He leído que cuando un minino cariñoso se refriega contra las piernas de su amigo humano no sólo le demuestra afecto sino que lo está marcando como ¡propiedad suya!
 ¿No gustan los gatos porque los envidiamos por su capacidad para ser felices pero libres? ¿Les tememos porque intuimos que están en contacto con otras realidades y ahí nos superan? ¿Nos molesta que nos observen fijamente, como si nos analizaran? ¿Y qué pasa cuando ponen sus pupilas verticales y “miran” hacia un sitio en el que no apreciamos nada? También son capaces de detectar la llegada del dueño/a a casa cuando aún está muy lejos y, lo afirmo por experiencia, pueden notar que un ser querido de dos patas se encuentra mal física o psíquicamente y actuar poniéndose a su lado, como bufanda, encima suyo… En teoría, eso absorbe la negatividad y él es un conductor que la extrae y se la lleva.